Una de esas tardes en que todo parece irrelevante, cansón, desabrido, me descubrí sentado en una silla frente a una ventana completamente abierta, con mi guitarra en las piernas, tocando repetidamente una nota; una sola nota.
Fue una de esas veces en que el cuerpo está en modo automático y, cuando regresas a ver, te das cuenta de que alguna parte de tu cuerpo está haciendo algo que no le pediste, o que al menos no tienes conciencia de habérselo pedido.
Regresé a ver qué estaba tocando: era la cuerda más delgada, la de más abajo, la cuerda Mi.
Mi, mi, mi, mi…
Mi, mimi, mi, mi…
Mimi, mimi, mi, mi…
Un solo sonido, aburrido, sin emoción, sin «personalidad» por sí solo.
Mi, mi, mimi, mi.
Sin mediar pensamiento alguno, con mi mano libre, aplasté la cuerda en el tercer traste. (Si no conoces de guitarras, son esas barritas que están en el «brazo»l y se cuentan a partir de la más lejana; y si sí conoces, perdón por el mansplaining).
Era un Sol. La toqué y todo cambió: el sonido de las dos notas, una después de la otra, daba una sensación de melancolía, de nostalgia… Pero si movía mi dedo solo una casilla más «arriba», hacia el cuerpo de la guitarra, el sonido se llenaba de luz.
Y si aplastaba la cuerda, la misma cuerda, en el primer traste (Fa), era como si la melodía quisiera despegar, como si hubiera que poner, necesariamente, algo después.
Y entonces pensé que, tal vez, nada es bello o feo, bueno o malo por sí mismo; que tal vez todo depende de lo que pongamos después, o de lo que haya estado antes.
Quizás la mayor conclusión que pude sacar de ese día de calor, y que hoy quiero transmitirles, es:
No sean un Mi solo. Ni un Do, ni un Re; no importa: nunca sean una nota sola. Rodéense de otras, descubran quiénes les dan alegría,quienes les impulsan a a otros lugares y quienes les llevan de regreso a casa, pero no olviden que a veces un Mi requiere también de ese Sol, porque la vida también tiene momentos nostálgicos y que esos momentos son necesarios, porque forman parte de vivir.
Creo que lo que intento decir es que la melodía que compongamos depende de nosotros y de lo que queramos poner a nuestro alrededor.
