Una conversación casual

Un encuentro fortuito, una amable transeunte  y una nueva historia

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Ni siquiera me di cuenta que me había estado observando. Quizás por eso me sobresalté cuando escuché:

—¿Estás bien?

—Sí —le respondí—. Gracias, estoy bien.

—¿Seguro? Estás llorando.

No pude menos que reír.

—Sí, es que escribo y, a veces, me hago llorar.

Ahora fue ella la que soltó la carcajada.

—¿Escribes para sufrir?

—Gran pregunta. Me la hice varias veces.

—¿Y?

—Llegué a la conclusión de que no

—¿Entonces?

—Escribo para vivir.

Me miró.

—Pero es inevitable sufrir, porque es parte de la vida, —contratacó.

—Correcto, pero también lo es reír.

—¿Y te haces reír también?

—Mucho. Resulta que soy un tipo muy simpático.

Nuevas carcajadas.

—Debe ser una vida muy agradable la tuya.

—No me quejo, pero tiene sus riesgos.

—¿Graves?

—Mucho.

—¿Cuáles?

—El otro día, por ejemplo,

—¿Qué pasó?

—Estuve a punto de quedarme sin teléfono.

Asustada, preguntó:

—¿Te asaltaron?

—No, casi lo olvido en el tren por estar escribiendo.

Nuevas risas.

—No parece una actividad peligrosa.

—Esa fue una de bajo riesgo.

—¿Y hay situaciones de alto riesgo?

—Aunque no lo creas, sí.

Me miró unos segundos, desconfiada.

—Sé serio.

—Lo prometo.

—¿Qué riesgos?

—Para empezar, la posibilidad de quedarse vacío.

—No entiendo.

—Es que, siempre que se escribe, se deja una parte de sí en la historia.

—¿Siempre?

—Por lo menos, en mi caso, es así.

—Pero eso es bueno. Estás enviando una parte de ti al mundo.

—Sí, pero el mundo no siempre devuelve las cosas en el mismo estado.

—¿Y eso te afecta?

—No debería, lo sé.

—¿Entonces?

—¿Te ha pasado que le das un regalo a alguien, un regalo en el que pusiste mucho cuidado, y a esa persona no le agrada porque no era lo que quería?

—Sí.

—Bueno, es eso. Las personas esperan que escriba algo que confirme sus creencias y, cuando ven que no es así… bueno, tú sabes.

—¿Te odian?

—A veces.

—¿Y eso te afecta?

—Depende de quién lo haga.

—Comprendo.

—Gracias por eso.

—¿Y entonces por qué lo sigues haciendo?

—Porque es mi naturaleza. Porque hay cosas que, si no las digo, exploto. Y no sería un bonito espectáculo.

Sonrió.

—No, no creo que fuera un muy bonito espectáculo.

—¿Te imaginas los titulares? «Escritor explota… Noticia en desarrollo».

Rió un poco más.

—Bueno, espero haberte devuelto algo bueno, en todo caso.

—Seguro. Gracias. Me diste una buena historia que escribir.

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El Genio.
Una figura brillante pero esquiva, El Genio personifica la dualidad entre creatividad y misterio. A veces perezosa y juguetona, disfruta provocando a su escritor, lanzándole historias, opiniones y capítulos en los momentos menos oportunos, solo para reírse de sus frenéticos intentos por atraparlos. Trabajando mayormente en soledad, moldea silenciosamente mundos en su mente, siempre reflexionando sobre la delgada línea entre la locura y el genio. Su talento innegable solo es igualado por su curiosidad introspectiva, convirtiéndola en una  libre pensadora  que desafía constantemente los límites de lo posible.

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