La Pared
Hay algunas historias que sí están escritas en piedra, lo difícil es conocerlas
Estaba en su cuarto, medio recostado en la cabecera de la cama, mirando hacia la pared, su teléfono celular yacía a su lado boca abajo vibrando ocasionalmente cuando llegaba algún mensaje.
Impávido a los zumbidos o a los pasos que se acercaban y alejaban con regularidad seguía mirando a la pared, como perdido, ensimismado.
—¿Mirando de nuevo a la pared? Escuchó que decía con cariño Niva.
Aún esperó que se alejaran los pasos y como despertando de un sueño murmuró para sí.
—A menudo hay historias más interesantes en una pared que en el teléfono.
—Pensé que nunca lo dirías, vaya, ya era tiempo – dijo una voz que parecía provenir de todo el cuarto y de ningún punto en especial.
Asustado se incorporó repentinamente en la cama.
—¿Qué? ¿Quién dijo eso? Niva, ¿me dijiste algo?
Pero era inútil, Niva había salido a la terracita del departamento y no podía escucharlo.
—¿Quién dijo eso? Repitió ya francamente asustado.
—Yo —dijo la misma voz, ésta vez más cercana, como si estuviera hablando a su lado. —Fui yo, ¿Por qué te asustas? Tú mismo me llamaste, lo oí claramente, querías encontrar una historia y me llamaste.
Soren se frotó los ojos, se dió cuenta que no tenía sentido hacerlo porque el problema no estaba en sus ojos sino en sus oídos y se los rascó frenéticamente, por afuera, por adentro hasta que sintió que no podía más y escuchó…
Nada
Cerró los ojos y puso toda la atención que pudo.
Aún nada.
Tranquilizado respiró y con esa manía suya de expresar en voz baja sus pensamientos dijo:
—Que susto, tal vez estaba dormido, hubiera jurado que la pared me habló.
—No estabas dormido – dijo la voz – fui yo, ¿Por qué te parece tan extraño?
Soren tuvo que sentarse, o estaba alucinando o había encontrado algo nunca visto – y menos oído- con anterioridad.
—No es posible -aún insistió, —Niva debe estar haciéndome una broma y está muy bien hecha. ¡Vamos Niva! —gritó o quiso gritar pero su voz salía muy nerviosa —estuvo buena la broma pero ya es suficiente.
—¿Por qué insistes en que no es cierto? Hombre de poca fe en las paredes, me estás oyendo y ¿aún así no me crees? Soy yo, una pared y te estoy hablando.
—No es posible, las paredes no hablan.
—Que no hayas oído nunca hablar a una, no quiere decir que no hablemos. Dime ¿Has oído hablar a un hongo? No ¿Verdad? Y sin embargo está comprobado que se comunican entre ellos e, inclusive, con otros seres.
—Espera, espera, espera. ¿Cómo sabes todo eso?
—Oímos y vemos muchas cosas durante mucho tiempo. Es, digamos, edificante.
Soren rió ante el juego de palabras pero volvió enseguida a la realidad.
—Has dicho que ves también. ¿Es eso cierto?
—Bueno, no exactamente, creo que es más como que percibimos. Sí, eso es, es difícil de explicar pero es algo así.
—Y todo, ¿todo el tiempo?
—¿Cómo crees? ¿Piensas que no tengo nada que hacer? Las paredes tenemos muchas cosas y muy importantes que hacer durante todo el tiempo.
Soren pensó que deliraba, ¿en serio una pared decía que estaba muy ocupada?
—¿No lo crees? Tenemos que mantener la cohesión entre nuestras partículas, tenemos que rechazar los ruidos molestos, tenemos que mantener la temperatura que podamos, sin contar con que debemos aguantar muchas veces música estridente, golpes de muebles y marcas de zapatos. Es un trabajo duro y poco apreciado, si me permites decirlo
—No lo había visto de esa manera -dijo Soren- pero entonces no lo ves todo.
—No es nuestra función ni está dentro de nuestros intereses, la mayor parte del tiempo ni siquiera nos interesa su mundo, pero a veces, muy de cuando en cuando, sucede algo diferente, algo especial que llama nuestra atención y entonces percibimos y oímos y una vez que lo hemos hecho ya no se puede, ya no se debe olvidar.
—Y ¿qué hacen con esas historias? ¿Simplemente las guardan?
—Nos las contamos entre nosotros y es por eso…
—Espera, espera, ¿Cómo dices? ¿Se las cuentan entre ustedes?¿Tienen una reunión mensual de paredes y abandonan sus casas para asistir o algo así? —Soren no esperó una respuesta y continuó para sí —definitivamente, me pasó algo, ¿Algo que comí tal vez? ¿Los champiñones de ayer? No puede ser, Niva estaría igual, entonces ¿Qué me pasa?
—Cálmate, Soren, -dijo como adivinando sus pensamientos- no estás loco ni nada que se le parezca, espera te explico: No, no tenemos ninguna reunión, no podemos movernos ¿Sabes? Pero estamos todos conectados entre nosotros por el piso, el pavimento, otras paredes y más. Así como cuando alguien golpea una pared en un cuarto cercano y tú lo oyes, así nos comunicamos y nos contamos las historias que valen la pena ver y las que valen la pena contar.
—¿Y son muchas?
—Bueno, es bastante tiempo el que han estado las paredes en su mundo ¿Sabes? Y hay algunos muros que han estado ya mucho tiempo y han visto muchas cosas, pero…
—Pero ¿Qué? Se impacientó Soren
—Bueno, las condiciones en las que ha estado cada pared, cada muro, han definido mucho la personalidad de cada uno. Hay algunos que, por haber visto la traición en el alma de hombres y mujeres, se han vuelto duros, incrédulos; otras son unas paredes recién construidas y frágiles y aún no adquieren siquiera conciencia de sí mismas, hay otras que están en un lugar divertido y son alegres y juguetonas, hay otras muy eruditas por estar en un centro de arte y hay otras más que son inocentes y hasta, no sé, cómo decirlo, …, básicas.
—Entonces cada una contaría la misma historia de una forma diferente, ¿cierto?
—Correcto, ¿ahora entiendes todo?
—Casi todo, ¿Por qué me dices todo esto? ¿Por qué revelar este secreto y por qué justamente a mí?
—Bueno, mira, justamente habíamos estado conversando sobre eso. Hay muchas historias que simplemente se pierden y que valen la pena, entonces pensábamos que, tal vez, alguien podría escucharlas y escribirlas, justamente para que no se pierdan.
—Comprendo, pero eso no responde la segunda parte de mi pregunta: ¿Por qué yo?
—Bueno, estábamos ya buscando una persona que sea lo suficientemente… no-convencional (digámoslo así) y que pudiera aceptar el reto.
—¿De modo que soy No-convencional? Me agrada tu delicadeza, -rió Soren- otras personas lo describen de otra forma.
—Pues eso, y en cuanto oí que decías que hay historias interesantes en una pared, pues lo tomé como una seña y aquí estoy, hablándote y pidiéndote que escuches las historias que tenemos para contar y que se las cuentes al mundo.
—Ya, -dijo Soren- ¿y tú crees que me van a creer?
—¿Desde cuando te ha importado eso?, no escribes para que te crean escribes porque tienes cosas que decir y, casualmente, hay gente a la que le gusta. Es todo lo que pedimos. ¿Qué dices? ¿Aceptas?
—Pero tendrás que ayudarme, claro, sé que tendré que ir a los lugares y conocer dónde se desarrollaron las historias y escucharlas, pero no esperes que me ponga a conversar con ellas delante de todo el mundo. Iré, veré y escucharé, pero la historia y las preguntas que tenga tendremos que hacerlas en privado, no quisiera aparecer en las noticias como “el hombre que habla a las paredes”.
—Y tienes razón en no querer parecerlo, hagamos el intento, te presento a algunos muros y a algunas paredes, haces la historia, la publicas y miras si a la gente le gusta, ¿te parece?
Soren se levantó, paseó un poco por el cuarto, se acercó a la ventana, miró la ciudad como si quisiera calcular la cantidad de paredes en ella.
—Pues a ver qué pasa —dijo finalmente— veamos qué dice la gente.
La Pared.
¿Qué harías si de pronto una pared empieza a hablarte? Tal vez verificar tu cordura… a menos, claro, que seas Soren.
Acompáñalo y adéntrate en los límites de lo cotidiano y lo inexplicable. Un espacio donde las certezas se desmoronan y cada relato explora las grietas de la realidad, los dilemas invisibles y aquello que permanece oculto tras lo que creemos conocer.
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